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ASESORAMIENTO A PADRES

ASESORAMIENTO A PADRES

¿Qué implica educar?

Nuestra sociedad no pone las cosas fáciles a una persona que no esté acostumbrada a solucionar problemas por sí misma, que dependa de forma excesiva de otros para ello o a la que le resulte complicado no dejarse influenciar negativamente. Del mismo modo, tampoco es fácil para las personas que no saben ponerse en el lugar de los demás o que intentan siempre llevar la razón o imponer sus necesidades a toda costa.

A estas situaciones puede llegarse si no somos conscientes de que además de derechos existen obligaciones y que es necesario empezar a instruir a los menores desde edades tempranas en esta tarea. Sólo desde esta perspectiva se puede entender que la educación de los hijos va más allá del momento presente y que de ella depende la calidad de sus relaciones dentro y fuera del entorno familiar y su felicidad personal en el futuro.

¿Tenemos realmente un problema?

Las conductas que nos preocupan de nuestros hijos no siempre son un trastorno o una patología. En ocasiones el niño no ha alcanzado el nivel de maduración o competencia necesarios para esperar de él determinadas conductas y, por tanto, la intervención consistiría en estimular la adquisición de habilidades aún no desarrolladas. Otras veces, para corregir la conducta inadecuada de un niño basta con un cambio en nuestras respuestas ante determinadas situaciones o en nuestra actitud hacia él. En otros casos el problema podría consistir, incluso, en una inadecuación del entorno.

¿Qué se puede corregir?

Incluso cuando es limitado el tiempo y espacio de convivencia común, los padres pueden influir de manera positiva en sus hijos trabajando el clima familiar, el desarrollo personal del menor y el estilo educativo, evitando antiguos errores:

  • Falta de coherencia e inconstancia en la aplicación de premios y castigos.
  • Deficiencias a la hora de instaurar límites, normas y valores.
  • Contradicciones entre padres.
  • Falta de tiempo efectivo de dedicación.
  • Expectativas demasiado elevadas.
  • Excesivo proteccionismo o permisividad.

¿En qué me puede ayudar un profesional?

Un profesional de la psicología puede asesorar en todas estas cuestiones a los padres y demás adultos de referencia para el menor, ayudándoles a identificar los verdaderos problemas y sus causas, analizando las soluciones apropiadas y priorizando las intervenciones. El resultado de todo ello permitirá la elección de las técnicas más eficaces que para cada caso permitan inculcar a los menores actitudes, creencias y valores positivos en relación a la convivencia:

  • Aplicando los principios del aprendizaje.
  • Utilizando técnicas de modificación de conducta.
  • Creando hábitos más adaptados a las demandas del entorno.
  • Educando en valores.
  • Promoviendo la competencia social.
  • Potenciando las habilidades sociales.

¿Qué implica educar?

Nuestra sociedad no pone las cosas fáciles a una persona que no esté acostumbrada a solucionar problemas por sí misma, que dependa de forma excesiva de otros para ello o a la que le resulte complicado no dejarse influenciar negativamente. Del mismo modo, tampoco es fácil para las personas que no saben ponerse en el lugar de los demás o que intentan siempre llevar la razón o imponer sus necesidades a toda costa.

A estas situaciones puede llegarse si no somos conscientes de que además de derechos existen obligaciones y que es necesario empezar a instruir a los menores desde edades tempranas en esta tarea. Sólo desde esta perspectiva se puede entender que la educación de los hijos va más allá del momento presente y que de ella depende la calidad de sus relaciones dentro y fuera del entorno familiar y su felicidad personal en el futuro.

¿Tenemos realmente un problema?

Las conductas que nos preocupan de nuestros hijos no siempre son un trastorno o una patología. En ocasiones el niño no ha alcanzado el nivel de maduración o competencia necesarios para esperar de él determinadas conductas y, por tanto, la intervención consistiría en estimular la adquisición de habilidades aún no desarrolladas. Otras veces, para corregir la conducta inadecuada de un niño basta con un cambio en nuestras respuestas ante determinadas situaciones o en nuestra actitud hacia él. En otros casos el problema podría consistir, incluso, en una inadecuación del entorno.

¿Qué se puede corregir?

Incluso cuando es limitado el tiempo y espacio de convivencia común, los padres pueden influir de manera positiva en sus hijos trabajando el clima familiar, el desarrollo personal del menor y el estilo educativo, evitando antiguos errores:

  • Falta de coherencia e inconstancia en la aplicación de premios y castigos.
  • Deficiencias a la hora de instaurar límites, normas y valores.
  • Contradicciones entre padres.
  • Falta de tiempo efectivo de dedicación.
  • Expectativas demasiado elevadas.
  • Excesivo proteccionismo o permisividad.

¿En qué me puede ayudar un profesional?

Un profesional de la psicología puede asesorar en todas estas cuestiones a los padres y demás adultos de referencia para el menor, ayudándoles a identificar los verdaderos problemas y sus causas, analizando las soluciones apropiadas y priorizando las intervenciones. El resultado de todo ello permitirá la elección de las técnicas más eficaces que para cada caso permitan inculcar a los menores actitudes, creencias y valores positivos en relación a la convivencia:

  • Aplicando los principios del aprendizaje.
  • Utilizando técnicas de modificación de conducta.
  • Creando hábitos más adaptados a las demandas del entorno.
  • Educando en valores.
  • Promoviendo la competencia social.
  • Potenciando las habilidades sociales.
Atención psicológica para adultos

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   ¿Alguna vez ha tenido la sensación de vacío a pesar de que debería sentirse contento/a?. Las presiones en el trabajo, el estrés constante al que nos sometemos en el día a día, los problemas cotidianos de convivencia en la pareja o con los hijos, una pérdida...

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